Las que os enseño a continuación pertenecen a Duszniki-Zdrój, un pequeño pueblo del suroeste polaco. Si os fijais las ventanas dicen mucho de su gente, es como si hicieran de testigos mudos e invariables de su desarrollo, incluso de su forma de vivir y sentir.
La mayoría de estas ventanas me transmiten cierta nostalgia, no sé cómo llamarlo.
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